Vacaciones cacharreras

19 014
En En torno a la silla nos pararemos un rato a descansar y a pensar cómo continuar y de qué modo seguir sosteniendo un cierto sentido compartido.

En el último año hemos hablado mucho (charlas, presentaciones, más charlas y presentaciones…) y hemos aprovechado cada una de estas ocasiones para generar un relato común sobre los objetos construidos y los procesos que los generaron, pero por el camino el sentido de lo que hacíamos se nos ha desvanecido un poco y, además, y ya por motivos más amplios, hemos podido cacharrear poco, demasiado poco…

Nunca tuvimos subvenciones. Aún así hemos hecho bastante más de lo que imaginábamos en un principio. Cierto es que muchas de las charlas y eventos en los que participamos nos han reportado en ocasiones alguna pequeña ayuda para seguir haciendo, nos han ayudado a pensar lo que nos traíamos entre manos y a compartir los problemas que nuestro hacer abría, pero nunca nos ha dado como para poder asumir con cierta flexibilidad los gastos de prototipar, experimentar, inventar o reparar cacharros. Y en el camino se nos ha secado la lengua y se nos ha vaciado un poco el ánimo.

En primer lugar, porque no hemos recibido los apoyos económicos (subvenciones y convocatorias de proyectos) que esperábamos para poder sostener nuestro hacer, nuestro cacharrear, el sustento de muchas de esas cosas que nos permiten poder hablar de lo que hacemos con sentido, en presente y con horizonte de futuro. En segundo lugar, porque algunas de las cosas que hemos intentado y que más esfuerzo han llevado nos han desfondado: como la idea fallida de articular una Red Cacharrera, con la complejidad añadida que implica toda gestión de un espacio desde cero y sin recursos, donde todo es voluntario e inestable.

A pesar del esfuerzo por pensar un relato común, en ocasiones nos hemos planteado con bastante perplejidad qué unía a gente tan diversa, con objetivos, saberes, habilidades, necesidades o realidades a veces tan distintos. Pero también hemos compartido mucho y estos años han sido preciosos, por el intento de querer hacer juntas, no sin muchos esfuerzos, un proyecto que siempre ha tenido una condición precaria, en lo económico y en el objeto u objetivo que nos traemos en común; esa siempre ha sido su gracia y a la vez su problema. De alguna manera, es como si más que buscar soluciones hubiéramos construido problemas, “posiciones de problema” comunes, como las llamaba Gilles Deleuze. Preguntas más que respuestas:

“Las preguntas, como cualquier otra cosa, se fabrican. Y si no os dejan fabricar vuestras preguntas, con elementos tomados de aquí y de allí, si os las ‘plantean’, poco tenéis que decir. El arte de construir un problema es muy importante: antes de encontrar una solución, se inventa un problema, una posición de problema” (Deleuze y Parnet, 1977: 5).

Decimos precariedad y quizá no sea el mejor término, pero es un término que nos ayuda a pensar en las múltiples condiciones de vulnerabilidad material, corporal, económica y en los múltiples vaivenes del deseo que nos aquejan y atraviesan como a tantos y tantos colectivos autónomos, experimentales, dinamizadores no oficiales de cierto conocimiento, de una cierta democratización de las prácticas. Colectivos que funcionamos por fuera de centros, en intersticios, y que aún no sabemos nombrar aquello que practicamos.

Fuertes y frágiles a la vez. Y es en este punto en el que no sabemos, si quisiéramos, cómo seguir.

No es por falta de ideas, las ideas son lo de menos. En el último año, de hecho, han surgido muchas ideas, algunas cuantas de ellas locas, otras incluso incompatibles: no nos acabamos de aclarar si pensar en convertir En torno a la silla en un proyecto económico y de qué tipo (cooperativa de propietarias, cooperativa de consumo, mancomunidad de socias con pagos de cuotas para la compra de un servicio de diseño, red cacharrera auto-gestionada y sin un duro, ortopedia comercial con un toque activista, o laboratorio-taller de experimentos co-creativos entre el diseño abierto y la diversidad funcional), si seguir haciendo cosas singulares y a nuestro gusto, si convertirnos en un altavoz a través de documentar la práctica de otras, o si dejarlo del todo. Al menos lo que parece claro es que tenemos que cambiar de fase…

En torno a la silla ha sido y es una experiencia muy poderosa, un reto y la fuente de algunas cuantas alegrías recientes muy importantes para todas nosotras. Pero no queremos que el seguir por seguir acabe con el proyecto y, por el momento, quisiéramos pensar en todo esto con calma…

Eso no quiere decir que vayamos a parar del todo o que dejemos de hacer. Con este trajín hemos dejado incompletos algunos de los proyectos importantes en los que como En torno estábamos metidas: por ejemplo, un documental interactivo para pensar y dar sentido a nuestras prácticas, para reflexionar sobre cómo documentar las prácticas de otras y de nosotras. Queremos tener tiempo, entonces, para poder acabar las cosas que están inconclusas y merecen más atención…

Por tanto, paramos y estaremos más silenciosas: no tendremos mucho que decir ni que publicar y no tendremos novedades que contaros hasta que las tengamos…

¡Un abrazo!

En torno a la silla, junio de 2016.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

  • Licencia

    Licencia Creative Commons
    Blog de "En torno a la silla" publicado con una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional .
A %d blogueros les gusta esto: